lunes, 6 de noviembre de 2017

Apuntes de Valores Éticos - 1ª evaluación

1. LA LIBERTAD.

¿Puedo hacer lo que quiera?
Todos queremos ser libres. Imagina a alguien que te dijera: "No quiero ser libre, no quiero elegir ni decidir nada...prefiero no tener que elegir'' ¿Qué le contestarías? El filósofo francés Jean-Paul Sartre escribió: "El hombre está condenado a ser libre". Nuestra vida como seres humanos está marcada por un hecho esencial: tenemos que elegir. ¿Qué deporte debo elegir? ¿Qué amigos quiero tener? ¿A qué me quiero dedicar? ¿Debo traicionar a mi amigo o contarle la verdad a un adulto? La libertad consiste, por tanto, en decidir si hacemos esto o lo otro. En la Antigüedad, la libertad era considerada en oposición a la esclavitud. Libre era aquél que podía hacer las cosas por sí mismo, que podía tomar sus propias decisiones.

Ser moral
Las acciones humanas pueden ser voluntarias o involuntarias. Cuando hablamos de aquello que hacemos movidos por nuestra voluntad, hablamos de acciones morales. Nosotros decidimos qué queremos hacer, qué querernos ser y en qué mundo queremos vivir. El ser humano pues es un ser moral, habita en un mundo moral, donde sus acciones pueden ser valoradas como justas o injustas, buenas o malas. Somos responsables de lo que hacemos y, por tanto, nuestras acciones serán aprobadas o reprobadas. Asumir las consecuencias de nuestros actos nos convierte inmediatamente en seres autónomos, libres y responsables.

Responsabilidad
La autonomía se gana y con ella se adquieren responsabilidades. Puede que hayas oído alguna vez la siguiente frase que aparece en Spiderman: "Un gran poder conlleva una gran responsabilidad". Esta frase nos recuerda la íntima relación que mantiene la libertad con la responsabilidad. Si somos libres para actuar y para tomar decisiones, entonces debemos hacernos cargo de las consecuencias de dichas acciones o decisiones. Y a la inversa, si somos responsables es porque hemos tenido la libertad suficiente para decidir hacer algo o no. No podemos sentirnos responsables de aquello que está fuera de nuestro alcance. La libertad conlleva poder hacer algo y asumir sus consecuencias. A Spiderman se le plantea la pregunta: si puedo hacerlo, ¿debo hacer lo? Pero, ¿qué guía nuestra voluntad?, ¿qué nos empuja a actuar? Uno de los elementos que interviene en nuestras decisiones es la emoción. Las emociones condicionan nuestra voluntad. Cuando el profesor te cae bien, hace que la asignatura te parezca más agradable. Querer o no querer depende de cómo nos sentimos ante algo. Alguien desmoralizado, se siente sin ánimo, pierde la voluntad, carece de la fuerza necesaria para decidir y para asumir consecuencias. Cuando uno se siente a gusto cree poder hacerlo todo, se siente lleno de la energía necesaria para tomar decisiones, se dice de él que tiene ''la moral bien alta", que es autónomo.

La sociedad
Pero nadie está solo, llegamos a ser lo que somos junto a otros. Por ello podemos afirmar que el ser humano es un ser social. Nos necesitamos los unos a los otros para poder vivir. Desde el momento en que nacemos nos encontramos inmersos en la sociedad. Para poder satisfacer nuestras necesidades primarias como alimentarnos, vestirnos, tener un lugar en el que habitar... necesitamos a los demás. Piensa en tu nombre, en tu ropa, en lo que comes cada día... piensa en la cantidad de personas que hay detrás de cada una de estas cosas... rápidamente te darás cuenta de cuánto dependes de otros para vivir. Pero no solo para satisfacer esas necesidades dependemos de la sociedad. Adquirimos el lenguaje y nuestras ideas y creencias en contacto con los otros. Las películas que vemos, los libros que leemos, la música que escuchamos son tan sólo algunas de las cosas que dependen de otros.

Convivencia: dignidad y respeto
Por tanto, no solo nos necesitamos para vivir, sino que tenemos que convivir. La convivencia requiere que en el uso de nuestra libertad respetemos a los demás y nosotros seamos respetados. Por ello, la convivencia en sociedad se encuentra regida por normas que hacen posible que seamos libres. La libertad establece lo que puedes y no puedes hacer. Así, nuestra libertad tiene unos límites que aparecen cuando aparece el otro. Con el fin de solucionar los conflictos y hacer posible la convivencia, los seres humanos hemos inventado las normas y las leyes. Toda norma tiene dos caras, como una moneda; por un lado limitan nuestras libertades y por el otro las posibilitan. La limitación que me impone la ley de no agredir a nadie garantiza mi Libertad de vivir sin ser agredido.
La convivencia no es fácil. Todos tenemos nuestros propios deseos y pasiones, nuestros sentimientos y emociones, nuestras razones, nuestras aspiraciones y fines. Cada persona tiene unas características propias que le hacen ser quien es: un individuo especial y único. Y como tal, tiene que ser respetado. La convivencia exige el respeto de la dignidad propia de cada uno de nosotros. La consideración de dicha dignidad constituye el respeto.

2. EL DIÁLOGO. ¿No sería mejor llegar a un acuerdo?

Sociedad y democracia
El ser humano es un ser social. Para desarrollarnos vivimos en sociedad y necesitamos al otro igual que el otro nos necesita a nosotros. Hay muchas formas de organizarse en sociedad, en nuestra sociedad se organiza democráticamente. Es decir, que es el pueblo el que gobierna y el que elige a sus gobernantes.
Pero la democracia no consiste simplemente en elegir a los que nos gobiernan, también significa vivir democráticamente, esto es, hacer del acuerdo y el consenso la mejor vía para vivir en sociedad. Eso significa que en cada decisión se ha de tener en cuenta a todas las parte a las minorías y a los débiles y necesitados, no sólo a las mayorías. Para eso la mejor vía es el diálogo. Los problemas sociales y políticos se deben afrontar desde el diálogo. En el fondo, en un< sociedad moderna y democrática estamos de acuerdo todos en muchas más cosas de las que creemos. Se trata de vivir todos juntos, cada uno ejerciendo su libertad personal, pero respetando la de los demás.

El diálogo y sus reglas
El diálogo tiene reglas. Unas son evidentes y te las han enseñado desde pequeñito: guarda turno para hablar, escucha a los demás cuando hablen, no te burles de ellos por lo que dicen, etc. Sin embargo, hay reglas más profundas e importantes:
• El lenguaje: todos han de conocer la lengua que se emplea. En ese sentido, hay que respetar la manera de expresarse de los demás, sus acentos o léxico si vienen de otro país e región. Si en tu sociedad se hablan dos lenguas, has de respetar al que quiere expresarse en una u otra lengua. Lo importante es que todas la conozcan.
• La ausencia de coacción: el diálogo ha de ser libre. Todos han de poder decir lo que piensan sin miedo a represalias por lo que se dice. En ese sentido, la autoridad, en tu caso padres y profesores, han de respetar tus ideas, y tú debes respetar al otro.
• Querer llegar a un acuerdo: esta es la más importante. Se trata de que se quiera realmente llegar a un acuerdo que beneficie a todos o al máximo de gente. Si entras en una discusión solo para tener razón o imponer tus ideas, será imposible llegar a acuerdos. Además, hay que tener una verdadera voluntad de que ese acuerdo al que se llegue sea lo mejor.

La actitud ante los acuerdos
Cuando se ha llegado a un acuerdo, todos los que lo aceptan deben cumplirlos: pacta sunt servanda, que quiere decir, que el pacto obliga. Por lo tanto, cuando has aceptado un acuerde has de respetarlo, porque esperas que los demás lo hagan.
¿Quiere decir que siempre has de obedecer a la mayoría? Eso depende, como iremos viendo a lo largo del libro. Evidentemente tenemos unos derechos y libertades a los que no podemos renunciar. Pero cuando has aceptado la vía democrática para solucionar un problema, has de asumir que si la mayoría ha decidido algo, aunque no sea lo que tú querías, tienes que aceptarlo. Y habrá otra ocasión en la que estés de acuerdo con la mayoría.

La mayoría no siempre acierta
Pero todo esto no ha de conducirnos a error. Cuando una mayoría no está de acuerdo con lo que tú piensas, no quiere decir que debas cambiar de opinión. La mayoría no siempre acierta, veces, sencillamente se equivoca, por eso uno nunca ha de perder su capacidad y su actitud crítica. Es decir, las decisiones mayoritarias o los acuerdos no son la mejor opción porque garanticen que se va a acertar en la solución de un problema, son la mejor opción porque es la manera de tomar decisiones de forma legítima.

3. EL LENGUAJE MORAL. ¿A qué te refieres con “bueno”?

Lenguaje moral
Cuando afirmamos algo acerca de la realidad construimos juicios. Los juicios son afirmaciones o negaciones acerca de cualquier cosa. Por ejemplo: "El cielo es azul", "El agua hierve a 1000 o "La nueva película de Star Wars no me gusta". Hacemos juicios de todo tipo, pero los que aquí nos interesan son los juicios de valor. Cuando hablamos, valoramos. Puede que no te hayas da cuenta, pero nuestro lenguaje está lleno de valoraciones.

Juicios de hecho y juicios de valor
Cuando hacemos un juicio acerca de cómo son las cosas estamos haciendo juicios de hecho, describimos o constatamos. En cambio, cuando afirmamos sobre algo una preferencia, estima una apreciación, hacemos juicios de valor. Para que lo puedas entender mejor te mostramos d ejemplos: cuando afirmamos "La Tierra es un planeta del Sistema Solar", estamos realizando juicio de hecho, afirmamos de la Tierra, nuestro planeta, que ES uno de los ocho planetas d Sistema Solar, estamos describiendo algo que no depende de nuestra valoración, ni de nuestros deseos. En cambio, cuando afirmamos "La playa es el mejor sitio para pasar las vacaciones" estamos haciendo un juicio de valor, estamos mostrando nuestra preferencia por la playa como lugar de vacaciones, algo que no todo el mundo compartirá.

Hechos y valores
Pero, ¿qué son los hechos? ¿y los valores? Los hechos son las cosas, personas y acciones que constituyen la realidad que nos rodea. Es un hecho que los pájaros vuelan, que la Tierra gira alrededor del Sol o que en las ciudades habitan seres humanos. En cambio, los valores indican qué es lo valioso (o no) para nosotros, nuestras preferencias o deseos. Así, "Los helados de vainilla están deliciosos", "Las personas deben vivir en condiciones de igualdad" o "La mejor de las películas del Señor de los Anillos es la segunda" expresan nuestras preferencias y deseos.

Valores morales
De entre todos los valores que utilizamos para expresar nuestras preferencias, podemos distinguir los valores morales. Estos valores tienen la peculiaridad de que muestran nuestras preferencias acerca de lo bueno y lo malo. Se relacionan con nuestra idea de cómo queremos que sean las cosas, expresan cómo creemos que DEBEN SER. Algunos ejemplos de valores morales serían la honestidad, la sinceridad, la valentía, la solidaridad, el respeto, la generosidad, la tacañería... Estos son algunos de los valores que utilizamos cuando hacemos juicios acerca de las acciones humanas. Pero no sólo los utilizamos al hacer juicios, sino que también nos sirven para guiar nuestra conducta, nuestras decisiones.

Pluralismo moral
Como hemos ido viendo en las unidades anteriores, los seres humanos convivimos en sociedad, y eso hace que, en ocasiones, surjan conflictos de tipo moral. Hay personas que consideran que lo más importante es la libertad, mientras que otras abogan por la igualdad de oportunidades. Una tercera podría afirmar que lo fundamental es la solidaridad... Vivimos en sociedades en las que, afortunadamente, existe la pluralidad de valores. La convivencia exige el respeto hacia otros que son diferentes a nosotros y, como consecuencia, el respeto de sus valores. Las sociedades democráticas se caracterizan por afirmar y defender el pluralismo moral.

Mínimos y máximos
A pesar de nuestras diferencias, tenemos muchas cosas en común. Estamos de acuerdo, y debemos estarlo, en algunos valores que podemos llamar "básicos" y que son los que guían nuestra vida colectiva. Esos valores que todo miembro de la sociedad puede -y debe-compartir son "mínimos morales", los mínimos valores que garantizan la convivencia. Cuando hablamos de "máximos morales" nos referimos a los proyectos de vida feliz que cada uno decide llevar a cabo. 

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