1.
LA LIBERTAD.
¿Puedo
hacer lo que quiera?
Todos
queremos ser libres. Imagina a alguien que te dijera: "No quiero ser
libre, no quiero elegir ni decidir nada...prefiero no tener que elegir'' ¿Qué
le contestarías? El filósofo francés Jean-Paul Sartre escribió: "El
hombre está condenado a ser libre". Nuestra vida como seres humanos está
marcada por un hecho esencial: tenemos que elegir. ¿Qué deporte debo elegir?
¿Qué amigos quiero tener? ¿A qué me quiero dedicar? ¿Debo traicionar a mi amigo
o contarle la verdad a un adulto? La libertad consiste, por tanto, en decidir
si hacemos esto o lo otro. En la Antigüedad, la libertad era considerada en
oposición a la esclavitud. Libre era aquél que podía hacer las cosas por sí
mismo, que podía tomar sus propias decisiones.
Ser
moral
Las
acciones humanas pueden ser voluntarias o involuntarias. Cuando hablamos de
aquello que hacemos movidos por nuestra voluntad, hablamos de acciones morales.
Nosotros decidimos qué queremos hacer, qué querernos ser y en qué mundo
queremos vivir. El ser humano pues es un ser moral, habita en un mundo moral,
donde sus acciones pueden ser valoradas como justas o injustas, buenas o malas.
Somos responsables de lo que hacemos y, por tanto, nuestras acciones serán
aprobadas o reprobadas. Asumir las consecuencias de nuestros actos nos convierte
inmediatamente en seres autónomos, libres y responsables.
Responsabilidad
La
autonomía se gana y con ella se adquieren responsabilidades. Puede que hayas
oído alguna vez la siguiente frase que aparece en Spiderman: "Un gran
poder conlleva una gran responsabilidad". Esta frase nos recuerda la
íntima relación que mantiene la libertad con la responsabilidad. Si somos
libres para actuar y para tomar decisiones, entonces debemos hacernos cargo de
las consecuencias de dichas acciones o decisiones. Y a la inversa, si somos
responsables es porque hemos tenido la libertad suficiente para decidir hacer
algo o no. No podemos sentirnos responsables de aquello que está fuera de
nuestro alcance. La libertad conlleva poder hacer algo y asumir sus
consecuencias. A Spiderman se le plantea la pregunta: si puedo hacerlo, ¿debo
hacer lo? Pero, ¿qué guía nuestra voluntad?, ¿qué nos empuja a actuar? Uno de
los elementos que interviene en nuestras decisiones es la emoción. Las
emociones condicionan nuestra voluntad. Cuando el profesor te cae bien, hace
que la asignatura te parezca más agradable. Querer o no querer depende de cómo
nos sentimos ante algo. Alguien desmoralizado, se siente sin ánimo, pierde la
voluntad, carece de la fuerza necesaria para decidir y para asumir consecuencias.
Cuando uno se siente a gusto cree poder hacerlo todo, se siente lleno de la
energía necesaria para tomar decisiones, se dice de él que tiene ''la moral
bien alta", que es autónomo.
La
sociedad
Pero
nadie está solo, llegamos a ser lo que somos junto a otros. Por ello podemos
afirmar que el ser humano es un ser social. Nos necesitamos los unos a los
otros para poder vivir. Desde el momento en que nacemos nos encontramos
inmersos en la sociedad. Para poder satisfacer nuestras necesidades primarias
como alimentarnos, vestirnos, tener un lugar en el que habitar... necesitamos a
los demás. Piensa en tu nombre, en tu ropa, en lo que comes cada día... piensa
en la cantidad de personas que hay detrás de cada una de estas cosas...
rápidamente te darás cuenta de cuánto dependes de otros para vivir. Pero no
solo para satisfacer esas necesidades dependemos de la sociedad. Adquirimos el
lenguaje y nuestras ideas y creencias en contacto con los otros. Las películas
que vemos, los libros que leemos, la música que escuchamos son tan sólo algunas
de las cosas que dependen de otros.
Convivencia:
dignidad y respeto
Por
tanto, no solo nos necesitamos para vivir, sino que tenemos que convivir. La
convivencia requiere que en el uso de nuestra libertad respetemos a los demás y
nosotros seamos respetados. Por ello, la convivencia en sociedad se encuentra
regida por normas que hacen posible que seamos libres. La libertad establece lo
que puedes y no puedes hacer. Así, nuestra libertad tiene unos límites que
aparecen cuando aparece el otro. Con el fin de solucionar los conflictos y
hacer posible la convivencia, los seres humanos hemos inventado las normas y
las leyes. Toda norma tiene dos caras, como una moneda; por un lado limitan
nuestras libertades y por el otro las posibilitan. La limitación que me impone
la ley de no agredir a nadie garantiza mi Libertad de vivir sin ser agredido.
La
convivencia no es fácil. Todos tenemos nuestros propios deseos y pasiones,
nuestros sentimientos y emociones, nuestras razones, nuestras aspiraciones y
fines. Cada persona tiene unas características propias que le hacen ser quien
es: un individuo especial y único. Y como tal, tiene que ser respetado. La
convivencia exige el respeto de la dignidad propia de cada uno de nosotros. La
consideración de dicha dignidad constituye el respeto.
2.
EL DIÁLOGO. ¿No sería mejor llegar a un acuerdo?
Sociedad
y democracia
El
ser humano es un ser social. Para desarrollarnos vivimos en sociedad y
necesitamos al otro igual que el otro nos necesita a nosotros. Hay muchas formas
de organizarse en sociedad, en nuestra sociedad se organiza democráticamente.
Es decir, que es el pueblo el que gobierna y el que elige a sus gobernantes.
Pero
la democracia no consiste simplemente en elegir a los que nos gobiernan,
también significa vivir democráticamente, esto es, hacer del acuerdo y el
consenso la mejor vía para vivir en sociedad. Eso significa que en cada
decisión se ha de tener en cuenta a todas las parte a las minorías y a los débiles
y necesitados, no sólo a las mayorías. Para eso la mejor vía es el diálogo. Los
problemas sociales y políticos se deben afrontar desde el diálogo. En el fondo,
en un< sociedad moderna y democrática estamos de acuerdo todos en muchas más
cosas de las que creemos. Se trata de vivir todos juntos, cada uno ejerciendo
su libertad personal, pero respetando la de los demás.
El
diálogo y sus reglas
El
diálogo tiene reglas. Unas son evidentes y te las han enseñado desde pequeñito:
guarda turno para hablar, escucha a los demás cuando hablen, no te burles de
ellos por lo que dicen, etc. Sin embargo, hay reglas más profundas e
importantes:
• El
lenguaje: todos han de conocer la lengua que se emplea. En ese sentido, hay que
respetar la manera de expresarse de los demás, sus acentos o léxico si vienen
de otro país e región. Si en tu sociedad se hablan dos lenguas, has de respetar
al que quiere expresarse en una u otra lengua. Lo importante es que todas la
conozcan.
• La
ausencia de coacción: el diálogo ha de ser libre. Todos han de poder decir lo
que piensan sin miedo a represalias por lo que se dice. En ese sentido, la
autoridad, en tu caso padres y profesores, han de respetar tus ideas, y tú
debes respetar al otro.
•
Querer llegar a un acuerdo: esta es la más importante. Se trata de que se
quiera realmente llegar a un acuerdo que beneficie a todos o al máximo de
gente. Si entras en una discusión solo para tener razón o imponer tus ideas,
será imposible llegar a acuerdos. Además, hay que tener una verdadera voluntad
de que ese acuerdo al que se llegue sea lo mejor.
La
actitud ante los acuerdos
Cuando
se ha llegado a un acuerdo, todos los que lo aceptan deben cumplirlos: pacta
sunt servanda, que quiere decir, que el pacto obliga. Por lo tanto,
cuando has aceptado un acuerde has de respetarlo, porque esperas que los demás
lo hagan.
¿Quiere
decir que siempre has de obedecer a la mayoría? Eso depende, como iremos viendo
a lo largo del libro. Evidentemente tenemos unos derechos y libertades a los
que no podemos renunciar. Pero cuando has aceptado la vía democrática para
solucionar un problema, has de asumir que si la mayoría ha decidido algo,
aunque no sea lo que tú querías, tienes que aceptarlo. Y habrá otra ocasión en
la que estés de acuerdo con la mayoría.
La
mayoría no siempre acierta
Pero
todo esto no ha de conducirnos a error. Cuando una mayoría no está de acuerdo
con lo que tú piensas, no quiere decir que debas cambiar de opinión. La mayoría
no siempre acierta, veces, sencillamente se equivoca, por eso uno nunca ha de
perder su capacidad y su actitud crítica. Es decir, las decisiones mayoritarias
o los acuerdos no son la mejor opción porque garanticen que se va a acertar en
la solución de un problema, son la mejor opción porque es la manera de tomar
decisiones de forma legítima.
3.
EL LENGUAJE MORAL. ¿A qué te refieres con “bueno”?
Lenguaje
moral
Cuando
afirmamos algo acerca de la realidad construimos juicios. Los juicios son
afirmaciones o negaciones acerca de cualquier cosa. Por ejemplo: "El cielo
es azul", "El agua hierve a 1000 o "La nueva película de Star
Wars no me gusta". Hacemos juicios de todo tipo, pero los que aquí nos
interesan son los juicios de valor. Cuando hablamos, valoramos. Puede que no te
hayas da cuenta, pero nuestro lenguaje está lleno de valoraciones.
Juicios
de hecho y juicios de valor
Cuando
hacemos un juicio acerca de cómo son las cosas estamos haciendo juicios de
hecho, describimos o constatamos. En cambio, cuando afirmamos sobre algo una
preferencia, estima una apreciación, hacemos juicios de valor. Para que lo
puedas entender mejor te mostramos d ejemplos: cuando afirmamos "La Tierra
es un planeta del Sistema Solar", estamos realizando juicio de hecho,
afirmamos de la Tierra, nuestro planeta, que ES uno de los ocho planetas d
Sistema Solar, estamos describiendo algo que no depende de nuestra valoración,
ni de nuestros deseos. En cambio, cuando afirmamos "La playa es el mejor
sitio para pasar las vacaciones" estamos haciendo un juicio de valor,
estamos mostrando nuestra preferencia por la playa como lugar de vacaciones,
algo que no todo el mundo compartirá.
Hechos
y valores
Pero,
¿qué son los hechos? ¿y los valores? Los hechos son las cosas, personas y
acciones que constituyen la realidad que nos rodea. Es un hecho que los pájaros
vuelan, que la Tierra gira alrededor del Sol o que en las ciudades habitan
seres humanos. En cambio, los valores indican qué es lo valioso (o no) para
nosotros, nuestras preferencias o deseos. Así, "Los helados de vainilla
están deliciosos", "Las personas deben vivir en condiciones de
igualdad" o "La mejor de las películas del Señor de los Anillos es la
segunda" expresan nuestras preferencias y deseos.
Valores
morales
De
entre todos los valores que utilizamos para expresar nuestras preferencias,
podemos distinguir los valores morales. Estos valores tienen la peculiaridad de
que muestran nuestras preferencias acerca de lo bueno y lo malo. Se relacionan
con nuestra idea de cómo queremos que sean las cosas, expresan cómo creemos que
DEBEN SER. Algunos ejemplos de valores morales serían la honestidad, la
sinceridad, la valentía, la solidaridad, el respeto, la generosidad, la
tacañería... Estos son algunos de los valores que utilizamos cuando hacemos
juicios acerca de las acciones humanas. Pero no sólo los utilizamos al hacer
juicios, sino que también nos sirven para guiar nuestra conducta, nuestras
decisiones.
Pluralismo
moral
Como
hemos ido viendo en las unidades anteriores, los seres humanos convivimos en
sociedad, y eso hace que, en ocasiones, surjan conflictos de tipo moral. Hay
personas que consideran que lo más importante es la libertad, mientras que
otras abogan por la igualdad de oportunidades. Una tercera podría afirmar que
lo fundamental es la solidaridad... Vivimos en sociedades en las que,
afortunadamente, existe la pluralidad de valores. La convivencia exige el
respeto hacia otros que son diferentes a nosotros y, como consecuencia, el
respeto de sus valores. Las sociedades democráticas se caracterizan por afirmar
y defender el pluralismo moral.
Mínimos
y máximos
A pesar de nuestras
diferencias, tenemos muchas cosas en común. Estamos de acuerdo, y debemos
estarlo, en algunos valores que podemos llamar "básicos" y que son
los que guían nuestra vida colectiva. Esos valores que todo miembro de la
sociedad puede -y debe-compartir son "mínimos morales", los mínimos
valores que garantizan la convivencia. Cuando hablamos de "máximos
morales" nos referimos a los proyectos de vida feliz que cada uno decide
llevar a cabo.
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